Siguiendo la tendencia de las películas producidas por Tondero;  Av. Larco, la última cinta realizada por la casa realizadora nacional, ha generado polémica en las redes sociales. No han sido pocos, los que han dirigido sus críticas al hecho de que el musical plantea una mirada superficial a las secuelas que el conflicto armado interno dejó en el país o a que no recrea fielmente a la movida del rock subterráneo de los años ochenta. Para los más feroces detractores de la cinta, Av. Larco es un producto fallido porque solo recoge la mirada de los ‘pitucos’ respecto a las problemáticas de la década del ochenta.  Creo que más que una falla, esa visión limitada (de la realidad) termina siendo beneficiosa para el producto final.

Los dramas íntimos de la clase alta

En estos tiempos posmodernos, en los cuales ya no existen absolutos, cada vez es más difícil plantearse una mirada totalizadora de los fenómenos sociales. En la actualidad, sostener que se tiene la visión correcta y única de la realidad, no es solo pretencioso sino errado. Más bien, sabemos que a lo que se puede acceder es a visiones de la realidad, visiones que se dan desde puntos de vista concretos y que deben ser contrastados con otros. Eso ha llevado a que muchos autores abandonen las pretensiones de la obra total y planteen sus construcciones desde su mirada particular. Por esa razón, el análisis de producto cultural, como lo es una obra cinematográfica, debe partir desde el lugar de enunciación del creador. Desde allí se partirá.

Tres de los protagonistas en la misma Av. Larco, en Miraflores (Imagen: Internet)

Av. Larco es la adaptación cinematográfica de la obra de teatro del mismo nombre escrita por Giovanni Ciccia, Rassec Barragán y Diego Dibós. En ella, se relatan las experiencias de los integrantes de Astaelculo, un grupo de rock proveniente de la clase media-alta de Lima. Dulude (Juan Carlos Rey de Castro), Wicho (Carlos Galiano), Miki (Andrés Gálvez) y Javier (Nicolás Galindo), a pesar de que sus canciones critican las injusticias de la sociedad, son unos adolescentes apolíticos que toman como un juego los dramas que se viven en la sociedad. Para ellos, un toque de queda es una oportunidad perfecta para quedarse horas fuera de casa tomando alcohol y los apagones solo ponen en peligro sus carreras musicales. No es difícil reconocer en los personajes la posición de los guionistas de la obra original: la de un sector privilegiado de la sociedad que estuvo alejada de la violencia que se vivía en el interior del país y que supo esquivar la crisis económica.  En consecuencia, la mirada que estos burgueses tendrán de dichos temas será superficial, accesoria. Por ejemplo, los personajes nunca harán una cola, estas serán más bien parte del paisaje por el que transitan.  Para ellos, su lucha es otra, una más ligada a los tabús sociales.

“No es difícil reconocer en los personajes la posición de los guionistas de la obra original: la de un sector privilegiado de la sociedad que estuvo alejada de la violencia que se vivía en el interior del país y que supo esquivar la crisis económica”.

En este escenario, es clave el personaje del general Jorge Dulude (Javier Valdés). El padre del vocalista de la banda encarna la mirada conservadora de la que quieren escapar los personajes de la cinta. Una que denigra el valor del arte, que mira con desconfianza a lo provinciano y con repulsión a la homosexualidad. Es a través de este antagonismo que se van delineando los temas que la cinta quiere tratar y que terminarán de hacerse evidentes con la aparición de Pedro (Andrés Silva), un rockero homosexual y de orígenes provincianos que hará que los personajes terminen de evolucionar. Producto del romance entre Pedro y Javier, los demás miembros de Astaelculo cuestionarán su mirada heteronormativa y clasista de la sociedad. Podemos decir que los rockeros de los ochenta son los guionistas del 2017 que se confrontaron con sus padres durante su juventud. No hicieron política, su lucha fue más íntima, al interior de sus hogares. En ese sentido son significativos los intercambios entre padre e hijo Dulude, uno en el que este último le dice que “él lucha de otra forma (a través de la música)” y otro en el que el general le dice: “Si a mí me hubieran dicho: tu hijo algún día se va a oponer a ti en todo, no lo hubiera creído”.

Pedro (Andrés Silva), un rockero homosexual y de orígenes provincianos hace más evidente el antagonismo de las “dos Limas”. (Imagen: Internet)

[alerta de spoiler]

Recién al final de la cinta, el conflicto armado interno toma protagonismo. El general Dulude advierte a su hijo de un posible atentado en la plaza de Acho, el lugar en el que se realizará la competencia final de bandas. Sin embargo, los miembros de Astaelculo vuelven a ignorar los peligros y deciden participar como si fuera un evento de otro país. En una secuencia aparentemente forzada, Miki termina siendo asesinado por terroristas, hecho que lleva a los personajes a unirse y participar en una marcha por el fin de la violencia. Una primera impresión nos podría decir que lo que vemos es un intento fallido de tomar un tema complejo y poco trabajado durante la cinta; no obstante, también revela una característica importante del lugar de enunciación. Para la élite limeña, el conflicto armado interno recién se hizo evidente cuando la tocó de lleno. La muerte de Miki termina sirviendo de paralelo al atentado de Tarata (que tiene varios cameos en la cinta). Por lo tanto, es posible decir que justamente por esa mirada superficial, Av. Larco termina retratando bien a un sector de la sociedad peruana. La cinta muestra cómo es que muchos peruanos obviaron los dramas que ocurrían en el resto del país. Cómo, incluso en el momento más politizado de nuestra historia, los ‘pitucos’ se siguieron concentrando en otras luchas.

[fin]

Tondero y su propuesta industrial

Si ya hemos analizado el lugar de enunciación de los autores y su huella en la obra podemos cerrar el análisis planteando la posición del realizador Jorge Carmona y la construcción de la realidad que propone. Debemos empezar recordando que Tondero plantea construir una industria generando productos comerciales. Ese es un hecho que no podemos dejar de lado en un balance final.

Si tomamos en cuenta los intereses comerciales de Tondero, la elección de un musical se entiende como lógica y funciona en diferentes niveles. La productora apela a un género que ha dado réditos económicos y que permite una serie de licencias. Por ejemplo, el registro del musical está sustentando en estereotipos y fantasías que pueden llevar a una mirada onírica de la realidad. Eso se ve constantemente en Av. Larco aunque no la exime de varios desaciertos.

La productora apela a un género que ha dado réditos económicos y que permite una serie de licencias. (Imagen: Internet).

En aras de recuperar la obra musical, el inicio de la cinta exagera en el uso de las canciones y de los estereotipos, abrumando al espectador y generando una distancia con su recuerdo ochentero. Es recién con la aparición de Pedro y con el crecimiento de la relevancia del general Dulude que las exageraciones son moduladas y nos llevan a la construcción anteriormente planteada.

Hacen bien las críticas en reconocer los vicios que pueden generar el deseo excesivo de vender un producto comercial pero también sería mezquino el obviar que la cinta mejora y plantea una evolución en la trama y los personajes. Una evolución que también se reconoce en la misma Tondero. Av. Larco es un avance importante, respecto a intentos fallidos anteriores como A los 40, Locos de amor o Asu mare 2.

Tondero está lejos de participar en Sundance pero parece estar en camino de generar un cine comercial que pueda también entregar “calidad” a la hora de buscar ganancias. Esperemos.